
Pasaron tantos años juntos, uno al lado del otro, que dejaroncasi de verse, Se volvieron invisibles y ambos olvidaron lo que les unía.
Desayunando sentados a la misma mesa, durmiendo pegados en la misma cama... No había distancia entre ellos y, sin embargo, sus pensamientos ni se rozaban: Cada uno solo, en su universo, en su burbuja...
Ella empezó por olvidar esos ojos de pillo que un día la enamoraron al bajar del bus. Luego, el recuerdo de los paseos sin rumbo al atardecer se hizo borroso. Lo último que olvidó fue el tacto de sus manos, demasiado suaves y cuidadas para un hombre...
Él dejó de ver aquella sonrisa que lo deslumbró un dia de camino a la universidad. Luego, comenzó a costarle recordar las notas y los besos en el espejo. Lo último que olvidó fue el olor a aquel perfume caro q tanto le gustaba, que inundaba cada esquina de la casa, cada rincón de su cuerpo...
Un día se cruzaron en el pasillo y se asutaron al descubrirse como dos extraños.
No sabría deciros si fue el quien comenzó a llegar tarde a casa del trabajo, o ella quien dejó de preparar cena romámtica para dos. Si él dejó de hcer deporte antes o despúes de que ella decidiera que era mejor no maquillarse si para ello tenía que levantarse media hora antes.
No se si él dejó de mirarla... o ella de sonreirle.
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Se han identificado algunas de las sustancias responsables del amor: la dopamina, la feniletilamina y la oxitocina. Todos estos productos químicos son relativamente comunes en el cuerpo humano, pero solamente son encontrados juntos en las etapas de la conquista.
Comentan los expertos que, con el tiempo, el organismo se hace resistente a sus efectos, lo que provoca que la intensa fase de la atracción no dure por mucho tiempo. De esta manera, el deseo ardiente de sexo está unido a la testosterona; mientras que la atracción y el amor en la etapa de euforia, así como el sentirse involucrado emocionalmente están relacionados con altos niveles de dopamina y norepinefrina y bajos niveles de serotonina.
El vínculo y la atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura tienen que ver con la oxitocina y la vasopresina.
No obstante todas estas explicaciones bioquímicas, que podrían terminar arrancándole al amor su mágico misterio, hay una verdad que se yergue como un templo: mantener por tiempo una relación lozana, es más de razón, comprensión y habilidad, que de otra cosa. Entonces ¿qué hacer para lograr que esta química inicial no se diluya entre los ácidos de la cotidianidad, las amarguras de las peleas o los brotes de incomprensiones? La respuesta es fundamentalmente una: amar con inteligencia.
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