El destino suele jugarnos malas pasadas. Es lo que tiene.Pero a veces, decide hacernos un regalo. Y entonces, todos los malos momentos son recompensados.
Apareció en mi vida de repente. Tan de repente que me pilló desprevenida, con la guardia baja y sin las herramientas necesarias para hacerle frente.
Un amigo de un amigo. Una conversación agradable. Muchas risas.
Aficiones en común. Muchas horas en vela. Y… mucho miedo.
Yo ya no sé como se hace esto. Cómo se tontea. Cómo se comporta una cuando le dicen que han amanecido de muy buen humor…y que la culpa es suya.
Qué hacer cuando a lo tonto a lo tonto, te piden el número de teléfono y permiso para llevarte a cenar.
Echo de menos la playa, y con solo decírtelo, me regalas un atardecer. Un atardecer que yo conozco. Un horizonte que me es más que familiar. Entonces, sólo me pregunto la de veces que habremos estado sentados en la misma terraza, espalda con espalda. Sacando fotos a la misma puesta de sol, sin saber que existíamos y…lo que nos estábamos perdiendo.
Sólo somos amigos, apenas nos hemos visto. No sé como va a terminar esto o si va a empezar siquiera, pero por lo pronto, has despertado algo dentro de mí y hace días que aunque fuera llueva, en mi cuarto siempre hace sol. Gracias!


