
Durante años, adoré aquel olor...
El olor que evocaba momentos fugaces a tu lado, intensos, sin culminar...
y quizás por eso, por no haber acabado, por no haber llegado a un punto...a un final, volvían a mí tan a menudo, idealizados. Porque como dijo Sabina, no hay peor nostalgia que añorar lo que nunca sucedió.
Recuerdo mi cabeza, apoyada en tu cuello. Empapándome de aquella fragancia a madera, a romero, a mar...y recuerdo tu aliento, mezclado con el mío.
Ese olor...que me devuelve a un coche aparcado delante de mi casa. A las 6 de la mañana. Al frio invernal. A los critales empañados. A mí a horcajadas sobre ti, solamente abrazados.
Mira que eres linda...me decías. Con tus ojos de pillo. Mi rubiña...
Sigo persiguiendote. A tí y a tu fantasma. Al halo que dejabas tras de tí.
Me acuesto con unas gotas en el cuello. Y el olor me da la paz, el sosiego, el cariño. Me da todo lo que me diste y nos dimos. Lo que intentamos y no pudimos ser.
Tantos años despúes, aun nos queda la magia. Me encuentras, me acorralas. Discutimos. Te persigo, me sigues. Aún tenemos una cuenta pendiente, me susurras. Y yo, con una lágrima asomando al balcón de mis ojos y un desasosiego que me impide hablar, pienso que es mejor dejas las cosas como están.